Democracia interna en los partidos políticos

 

“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

Artículo 6 del título preliminar de la Constitución Española.

Si algo tenemos que sacar en claro en estos tiempos de posverdad es que la democracia no es sólo votar. Votar es parte de la democracia, pero no construye en si mismo la democracia. Bien es sabido el dicho de “congreso a la búlgura” en clara referencia a los Congresos del Partido Comunista Búlgaro donde en las décadas de los 60 y 70 siempre salía por aplastante mayoría Todor Zhikov. Otros ejemplos claros se ven claramente en dictaduras como la cubana donde hay votaciones — con partido único — , en la República Democrática de China, o incluso en diferentes referéndums donde el césar de turno, en clara representación del partido populista, que realizaron en su momento Hitler para respaldar con urnas el Anchluss o el propio Mussolini para dar la estocada final a la democracia. Incluso en España durante la época franquista en el Congreso había representantes votados. Todos los casos anteriores son ejemplos de votaciones sin democracia.

Sobre de las elecciones generales de Italia en 1934. El partido fascista obtuvo 10 millones de votos a favor y sólo 15 mil en contra.
Papeleta del Referéndum de Austria donde se ve claramente que el votar a favor del sí es mucho mayor que del no.
Hergé con “Tintín en el país de los soviets” (1930) describió perfectamente la falsa democracia que se vivía en muchos sitios.

Una vez que tenemos claro que la democracia no es sólo votar, veamos que es lo necesario para que exista democracia. La democracia es como un taburete de tres patas, donde las tres sostienen la democracia, las tres tienen que ser independientes pero interconectadas, y no debe tener un tamaño muy superior ni inferior ninguna de las patas respecto al resto. Además para definir el taburete hace falta que un observador externo pueda contemplarlo y describirlo, papel que realiza el llamado cuarto poder, la prensa. En las democracias liberales que nos han llevado a la época de mayor paz y prosperidad de la Historia se cumplen estos principios; tenemos los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Donde la belleza de este sistema permite que el poder ejecutivo nunca pueda estar por encima del imperio de la ley y pisotear nuestra ciudadanía. Esto, que es más bello que la victoria de Samocracia (Montano dixit), es lo que impide que los independentistas de Cataluña puedan esconder su 3% de pecado original, y que no puedan saltarse la ley; o que al propio Presidente de los Estados Unidos, en el puesto considerado de mayor poder en el mundo, le pueda parar los pies un juez. Si no es legal, no es democrático.

En tercer lugar tenemos el poder legislativo. Montesquieu en “El espíritu de las leyes” fue el que propuso este modelo tomado de los ingleses y alemanes, el cual tiene como fin evitar la tiranía. Es un contrapoder fundamental en la democracia ya que es el que se encarga de hacer las leyes, modificarlas y como representante del pueblo tiene los mecanismos para limitar al poder ejecutivo e incluso hacerlo caer.

Estos principios básicos de la democracia en nada deberían diferir a la hora de llevarlo a cabo internamente en un partido político. Por ello tanto los nuevos partidos (UPyD, Ciudadanos, Podemos) como el PSOE para mostrar una visión renovadora incorporan mecanismos de democracia interna tanto para la elección de cargos internos como para primarias para la posición en la lista de los cargos públicos. Pero no esta exento de dificultades la aplicación de la democracia interna en los partidos.

Por tanto, para ajustarse a la Constitución la estructura interna de los partidos tiene que ser democrática. Para conseguir que sean democráticas y que prime la meritocracia por encima de la política de amiguetes, palmeros y almohadillas, los cargos de un partido tanto para cargos públicos como para su estructura deben ser elegidas mediante votaciones de forma que cada afiliado, a imagen y semejanza de la estructura nacional, debe tener derecho a un voto. Un voto para cada uno de los poderes que debe articular su estructura: para su poder ejecutivo, su poder legislativo y su poder judicial.

El poder ejecutivo dentro de un partido viene a ser el consejo de dirección suele estar formado por su secretario general o portavoz, las diferentes secretarías internas y vocales. Son los encargados de dirigir el partido, marcar la agenda política y dirigir la organización del mismo. La dirección del partido es el órgano elegido para decidir el día a día de la acción política entre congresos.

El poder judicial suele estar representado por la comisión de garantías y derechos. Suele ser el órgano encargado de velar por el correcto cumplimiento de los estatutos y reglamentos. En este órgano fundamental para el correcto funcionamiento democrático se da el caso de que los miembros pertenecen al propio partido, por lo que la principal premisa de independencia puede llegar a generar un inicial conflicto de intereses ya que sus decisiones en caso de que el poder ejecutivo se sobrepase de sus funciones ya que por regla general se suele identificar la ejecutiva con el propio partido. Cuando la realidad es que el partido no es la ejecutiva; la ejecutiva sino que forma parte, pero sólo es una parte, importante, pero sólo una parte. Otro de los principales problemas que suele haber con la independencia de las comisiones de garantías es que en los reglamentos y estatutos de los partidos los miembros de la ejecutiva eligen a parte o a la totalidad de esta comisión. La analogía con CGPJ (Consejo General del Poder Judicial) donde los miembros de los partidos políticos eligen a los miembros del mismo es obvia, donde esta obviedad se diluye es cuando los partidos piden la despolitización de CGPJ para preservar la separación de poderes e incoherentemente no realizan lo mismo con su órgano judicial.

Otro problema fundamental que se da con las comisiones de garantías es cuando se producen elecciones internas y tienen que actuar como comisión electoral interna (en caso de que el partido no tenga una comisión electoral diferenciada, donde los problemas que hemos visto de independencia son los mismos que los que ocurre con la comisión de garantías). Cuando hay elecciones internas se producen luchas de poder porque la democracia en los partidos es conflictiva. Por lo que estas elecciones deben poder votar todos los afiliados, deben poder votar a todos los órganos y evitar que las elecciones primarias sean secundarias.

Un claro ejemplo de como deben actuar las comisiones de garantías, es decir, con independencia, lo vimos en las primarias demócratas del 2008 donde se anularon las elecciones de Michigan y Florida por incumplimiento de las normas internas. Las normas son iguales para todos, tanto para el aparato como para las bases, el problema ocurre cuando la posibilidad de anular unas elecciones que no han sido las deseadas por la dirección se utilizan argumentos sin base legal (estatutaria) o tan peregrinos como un “me gusta” en Facebook (basado en hechos reales).

¿Cómo se consiguen primarias auténticas y no que sean unas elecciones de cara a la galería? En primer lugar que todos los afiliados sean libres e iguales en derechos y obligaciones; esto quiere decir que todo afiliado corriente al pago se pueda presentar libremente a las elecciones sin necesidad de avales. En caso de que hubiera muchos candidatos, algo que no es malo per se, para una elección de primarias, como puede ser para el candidato a presidente del gobierno, cabeza de lista de las elecciones europeas, candidato a alcalde, de una Comunidad Autónoma o similar, una buena medida es implementar un sistema a dos vueltas, donde en la segunda vuelta compitan los dos candidatos más votados. Esto es mejor que sea así ya que por lo que se compite es por un cargo ejecutivo, no para un órgano legislativo (para órganos legislativos no sería necesario), y así minimizar los efectos colaterales de candidaturas realizadas ex profeso para dividir el voto. Para que haya elecciones primarias de verdad, todos los candidatos deben tener las mismas posibilidades y esto pasa por la independencia del aparato del partido y la dirección del mismo, es decir, que no haya candidatos promovidos por la dirección ni por los medios que tiene. Algunas de las tácticas utilizadas por los partidos para promover sus candidatos pasan desde apoyos explícitos en redes sociales por parte de la dirección, artículos de los candidatos promocionados desde cuentas del partido y oficiales, promoción en la web del partido y en los emails de newsletters que envían. Todas estas tácticas que nos sonrojarían en caso que desde el Estado se promocionara a un candidato con medios públicos, suelen pasar desapercibidas y son obviadas internamente en los partidos por la dificultad en preservar la deseable, que no deseada por el propio partido, independencia.

En el caso de elecciones de listas de órganos como puede ser el órgano legislativo, dependiendo del partido se denomina Consejo Ciudadano (Ciudadanos y Podemos) o Consejo Político (PSOE y UPyD) —  el PP carece de este órgano —  las listas deben ser abiertas. En estos tiempo tan en boga de la mayoría de partidos por la renovación democrática en las instituciones pidiendo listas abiertas y desbloqueadas deberían al menos que eso también ocurriera en sus elecciones internas para no caer en incoherencias. No sólo deben ser listas abiertas, sino que también para que este órgano pueda cumplir su función de control de la dirección del partido debe ser un órgano abierto al debate interno, para lo cual es deseable que haya pluralidad. Para conseguir la pluralidad en el órgano legislativo el número de miembros a elegir por parte de los afiliados de las diferentes candidaturas y corrientes internas que se presenten a este órgano opino que debe ser como máximo de un 1/3 de la totalidad del mismo.

Hemos visto recientemente casos como el de Podemos o Ciudadanos donde la votación de este órgano no era realizado por toda la afiliación (sólo por delegados o compromisarios de sus congresos), donde los líderes de la formación apoyaban expresamente a “su” lista la cual era promocionada tal y como hemos dicho anteriormente que convertía unas elecciones en secundarias, y como estas listas obtenían la mayoría de los votos con porcentajes similares a los que obtenía Zhikov, entonces el 100% del órgano de control es afín a la dirección — era el que promovían — con lo que no tienen la independencia necesaria. Por ello la medida que propongo de votación de un máximo de un 1/3 de los miembros del órgano para minimizar la promoción de listas afines a la dirección y que el órgano pueda cumplir su función, ya que si se puede votar a la totalidad con cierta organización interna, con que se pongan de acuerdo cargos públicos, orgánicos y miembros de libre designación para votar su lista la posibilidad de cualquier candidato o lista alternativa es prácticamente cero.

Como decía anteriormente la democracia interna genera fricciones, pero no hay que tener miedo a estas fricciones ya que como vemos en las elecciones primarias de los partidos de otros países por un lado son utilizadas como herramienta de promoción de sus candidatos y genera por regla general que los candidatos elegidos democráticamente suelen haber pasado ya un primer filtro de cara a las elecciones, y genera un incremento de la meritocracia en detrimento de la endogamia partidista. Para que haya igualdad de oportunidades además de otorgar las mismas posibilidades de promoción, es necesario que haya un debate entre candidatos para poder comprobar más allá de su presentación física o virtual como se desenvuelven en situaciones adversas y confrontar modelos. Los aparatos de los partidos suelen evitar estos debates ya que podrían poner en evidencia o dificultar la posibilidad de elección del candidato preferido.

Por último, para que en todas las elecciones haya igualdad de oportunidades, al igual que ocurre en las elecciones no internas, el censo — el número —  de los afiliados con derecho a voto tiene que ser conocido por todos los candidatos. Los aparatos de los partidos suelen negar dicho censo a los candidatos no oficiales (los oficiales al estar integrados en la estructura interna del partido tienen otras posibilidades de obtenerlo), y al igual que para elecciones no internas el censo, la confidencialidad y garantías las exigimos es curioso ver como internamente se niega a que los candidatos puedan participar en igualdad de condiciones. Del mismo modo la posibilidad de comunicación vía email de cada candidatura es algo posible y sin coste por parte de los partidos a la vez que mantiene la confidencialidad de sus afiliados. La peregrina excusa que suelen dar los partidos para evitar conocer el censo o realizar comunicaciones a los afiliados es excusándose en la LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos) cuando ninguna de las propuestas expuestas vulnera esa ley.

Merece especial atención, aunque daría para un artículo más largo y explícito, el tema de las votaciones electrónicas en los nuevos partidos. Por ejemplo, recientemente pudimos ver como el Partido Socialista francés falseaba los datos de sus primarias. Para la votación electrónica tienen que primar las mismas garantías que para el voto en urna: voto universal (de todos los afiliados), voto libre , voto igual (un militante, un voto), voto directo y voto secreto. El voto electrónico no debe sustituir el voto en urna, sino complementarlo.

La ausencia de una contienda electoral (interna o externa) es un síntoma inequívoco claro de la ausencia democrática. Por otro lado, la existencia de votaciones tampoco es un indicativo de un desarrollo democrático como hemos visto. Que haya un voto directo por cada elector, es algo que algunos medios electrónicos, como el de Podemos, indican su deficiencia democrática ya que no es una persona, sino un email, un voto y podría darse — y se da — el caso de que una misma persona emitiera su voto y el de otra u otras personas. Además el voto debe ser secreto y es algo que actualmente los sistemas digitales implementados por los diferentes partidos no es algo que aseguren (o al menos hasta el momento no lo han hecho). De ahí la famosa frase de Stalin de “los votos no deciden nada, son quienes cuentan los votos los que deciden todo”.

La mayoría de votaciones electrónicas de los partidos no impiden que la misma persona vote por otras

Toda esta reflexión espero que nos ayude a ver más claramente que cuando desde un partido se promueve una medida para mejorar nuestra democracia, también deben aplicarla internamente para mejorar la democracia de su partido y que la medida refleje una coherencia. Que lo que es bueno para la democracia interna en Murcia, es bueno para la democracia interna en Barcelona, es decir que la coherencia no va por barrios ni por Comunidades; la coherencia no es promover una medida cuando nos viene bien, y posteriormente defender lo contrario.

Hace tiempo Fernando Savater afirmaba que “ningún partido está interesado en proponer reformas que revitalicen la democracia mermando el poder de los aparatos de los partidos en beneficio de una deliberación pública y abierta, más allá de la alienación sectaria y del dogmatismo carente de ideas”. Y ese es el problema de la regeneración democrática, que empieza por uno mismo, y para lograrla debemos combatir aquello que decía Alfonso Guerra de “el que se mueve no sale en la foto” por promover un sistema que regenere nuestra democracia desde la base para que “el que se mueva salga en la foto”; frente a un modelo de partido en el que los puestos de dirección y representantes públicos los alcancen políticos profesionales, los alcancen profesionales temporalmente en política; frente a partidos de soldados — les mueve la soldada — , partidos de guerreros — les mueven las ideas — ; y esto es tarea y responsabilidad de todos y cada uno de los afiliados de cada partido.

En resumen, es muy difícil que los propios partidos aboguen por la regeneración democrática, pues la verdadera regeneración empieza por uno mismo, y como explica perfectamente Maquiavelo en “El príncipe”, todo príncipe o aquel que llega al poder busca consciente o inconscientemente los mecanismos posibles para conseguir mantenerse en el poder. Por ello, mi propuesta es que se desarrolle, de una vez por todas, el artículo 6 del título preliminar de la Constitución Española que aboga por el funcionamiento democrático interno de los partidos ya que estos deben ser elegidos por las ideas y propuestas que defiendan sean comunistas, socialdemócratas, liberales o conservadoras y no por el funcionamiento interno que tengan.

Chema Larrea

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