Ahora responsables

 

Cuando firmé el Manifiesto de la Plataforma Ahora lo primero que pensé fue: ¡Esto es un magnifico manifiesto socialmente responsable!

Y lo cierto es que en el documento fundacional de esta asociación cívica destacan con luz propia algunos de los pilares básicos de eso que llamamos Responsabilidad Social de las Organizaciones (RSO): Solidaridad, progreso, regeneración, universalismo, bien común o ética del dialogo son los elementos que configuran la RSO y que impregnan el Manifiesto de la Plataforma Ahora.

La RSO, para quien no esté familiarizado con esas siglas, presupone que no existen organizaciones amorales ya que todas ellas tienen un “carácter”, una ética o una forma de hacer las cosas para lograr sus fines. Y según cómo se hagan las cosas (bien o mal), las organizaciones impactan de una forma u otra en las sociedades en las que actúan. Los economistas llaman a estos efectos “externalidades” y estas pueden ser positivas o negativas. Lo que no son nunca es neutras. Siempre dejamos alguna huella, siempre somos causa de algo. Y precisamente porque las organizaciones pueden afectar – o ser afectadas- por otras personas o entidades tienen la obligación moral de responder de sus actos ante sus grupos de interés (stakeholders en su neologismo inglés).

Las organizaciones, todas ellas, deben ser socialmente responsables. En otras palabras: deben responder de sus actos u omisiones, no tanto porque les obligue una ley (en ese caso estaríamos hablando de organizaciones legales, lo cual no es poco dados los tiempos que corren) cuanto porque se lo exigen a sí mismas por un imperativo moral autoimpuesto. Hay organizaciones que, sin estar obligadas por la ley, responden voluntariamente a sus grupos de interés y lo hacen así porque creen que es lo correcto, porque creen que es lo que deben hacer. Quienes así actúan tendrán, parafraseando a Adela Cortina, “mayores reservas morales” para lograr sus objetivos, sean estos altruistas, políticos, culturales, ideológicos o económicos.

A sensu contrario las organizaciones que no respondan, que no sean socialmente responsables, que prefieran mantenerse en la confortable opacidad quedaran a largo plazo deslegitimadas socialmente y perderán credibilidad. Por eso estamos viendo durante los últimos años como instituciones sociales de tanta relevancia como los partidos políticos, la administración de justicia, los medios de comunicación o las patronales y sindicatos inspiran cada vez menos confianza y mayor recelo en la sociedad. Y esta indudable deslegitimación social – que algunos nuevos partidos oportunistas tratan de instrumentalizar para erosionar aún más nuestras libertades – es una tragedia que puede y debe ser revertida desde la propia sociedad civil.

Nada en el carácter moral de las personas e instituciones es irreversible. La ética supone la “construcción de un carácter” – de un buen carácter- durante toda nuestra vida. Siempre estamos a tiempo de cambiar, de mejorar, de regenerar y de progresar y eso es justamente la apuesta realizada por la Plataforma Ahora y todos los huérfanos de la tormenta – ideológicamente tan heterogéneos – que hemos firmado su manifiesto.

Por eso creo que este regenerador proyecto cívico de indudable trascendencia política puede y debe incorporar sin complejos la RSO como signo distintivo que explicite un compromiso ético sustentado en la defensa y promoción de los derechos humanos, de los derechos socio laborales, de los derechos medioambientales y por supuesto de la transparencia y el buen gobierno especialmente dirigida a combatir la corrupción. En España, según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la contratación pública despilfarra en torno al 4,5% del PIB por sus deficientes mecanismos de control e ineficiencia. Para el ejercicio 2015 ese porcentaje representó 48.600 millones de Euros, lo que individualizado supone un saqueo anual de 1.100€ por español.

Y cuando hablo de incorporar la RSO como bandera de la Plataforma Ahora no me refiero únicamente a un punto de vista discursivo sino también práctico. Es lo que el profesor Aranguren llamaba “moral pensada” y “moral vivida”. O dicho de otro modo, es la alineación entre lo que digo y lo que hago.

Se trata sin duda de una apuesta muy seria pues cualquier organización que asuma voluntaria y públicamente estos compromisos de responsabilidad social es consciente de que va a estar sometida al escrutinio público y también sabe que la incoherencia ética tiene un alto coste, no importa si se paga en las urnas, en las afiliaciones, en los socios y donantes o en las ventas del ejercicio. El hecho es que la incoherencia ética a la larga se paga y lo estamos viendo a diario en instituciones y personas que parecían intocables.

Y aunque es preciso recordar que ninguna ideología democrática tiene el patrimonio de las virtudes[1], creo que las metas de la Plataforma Ahora configuran un verdadero manifiesto socialmente responsable pues promueve la idea de dialogo entre visiones muy distintas cuyo objetivo compartido es el progreso social dentro del respeto al Estado de Derecho y a las libertades públicas. Pero tal dialogo, como nos recuerda Fernando Savater en su Diccionario del ciudadano sin miedo a saber debe ser “igualitario y amistoso, basado en el intercambio de ideas y en la persuasión” y, por supuesto, excluyendo siempre la violencia real o simplemente sugerida. Sin respetar esas premisas y fuera de esos márgenes de convivencia ya no sería posible tal dialogo dentro de una ética cívica, pues violar el Estado de Derecho – aun haciéndose en el nombre del “pueblo” o de la “verdadera democracia” – siempre ha supuesto la aniquilación de las libertades públicas.

Y es precisamente porque asumo la responsabilidad de mis actos y silencios por lo que quiero declarar públicamente mi satisfacción al apoyar – desde mi limitado poder pero enorme libertad – un manifiesto como el de la Plataforma Ahora en el que se reivindica el bien común, la justicia social, la solidaridad, la razón cordial y la ética dialógica. Ojala seamos muchos más los que nos impliquemos con este proyecto ético y cívico pues, parafraseando de nuevo a Savater, “en una democracia políticos somos todos”.

Ahora es un principio. Un gran principio.

[1] Para un análisis detallado de la inclusión de la RS en los programas de los partidos políticos (elecciones de 20 de diciembre de 2015) puede consultarse el informe de Foretica sobre inclusión de la RSE en programas de partidos políticos.

 

Fernando Navarro García.

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