El felipismo es el pecado original de la democracia española.

Acelera el verbo cuando se trata de hincar el diente a las miserias de la política o la felonía del independentismo catalán, y lo modera cuando se le inquiere por el incendio en el PSOE o los estropicios de Urdangarin. Andaluz de nacimiento, catalán de raíces y madrileño de adopción desde su infancia, Enrique Gimbernat (Sevilla, 1938) se ha consagrado como una eminencia en Derecho Penal. “Me decidí por esta especialidad porque es la que tiene más contacto con el ser humano”, subraya. Devoto de Freud y de Bertrand Russell -de quien conserva una carta manuscrita que le envió en 1957-, se define como “socialdemócrata, ateo y pacifista, un socialista liberal, como Russell”. Es catedrático emérito de Derecho penal de la Universidad Complutense de Madrid y acaba de publicar El comportamiento alternativo conforme a Derecho. De la causalidad a la imputación objetiva (Editorial BdeF), que contiene una amplia autosemblanza de su trayectoria vital y profesional. Jorge de Esteban, presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO, destaca de su colega su “compromiso político intelectual”. Gimbernat asiente: “Me identifico con esa definición porque nunca me han interesado los cargos”. Su vida ha virado por otros derroteros. Los de la ciencia, la investigación y la profundidad de pensamiento.

La reforma de la Justicia es una promesa recurrente por parte de los grandes partidos en nuestro país. ¿Será posible algún día?
Lo primero es conseguir que la Justicia sea totalmente independiente, en el sentido de que no fuera como hasta ahora, que los grandes partidos deciden la composición de los grandes tribunales. En 1985 se inició una reforma del PSOE y, desde entonces, los miembros del Consejo General del Poder Judicial son elegidos por los partidos. La Justicia está politizada y no hay la separación de poderes que debería haber en un Estado democrático de Derecho.
Pero si la Justicia está politizada y la reforma de la misma depende de los partidos, estamos abocados a perpetuar el sistema.
El PP dijo que cuando llegara al poder iba a cambiar el sistema para elegir a los jueces, pero no sólo no lo ha cambiado sino que lo ha empeorado.
Pese al año de bloqueo y el auge de los nuevos partidos, el ciudadano sigue viendo que PP y PSOE se intercambian los jueces como si fueran cromos.
La aparición de Podemos, en gran parte, obedece a lo que instaura el PSOE en 1982. Ahí se sitúa el pecado original de la democracia española. La corrupción, la prevaricación, los GAL, las injerencias en la Justicia. Eso es lo que marca el sendero que luego ha seguido el PP y se ha instaurado como algo casi consustancial al régimen político español. Eso es lo que lleva a la aparición de partidos como Podemos, que en la crítica llevan razón, lo cual no quiere decir que la tengan en sus soluciones.
¿Qué tipo de mecanismos deberían operar para extirpar esos problemas que se arrastran?
Hasta ahora los delitos relacionados con la corrupción salían prácticamente gratis. Ahora no. Ahora tienen un precio y, además, alto.
Rajoy dice que la legislatura entre 2011 y 2015 ha sido en la que más medidas se han aprobado para combatir la corrupción. Pero es evidente que no ha podido erradicarse, entre otras cosas, porque es probable que ninguna ley pueda conseguirlo en la medida que afecta a la concepción de la ética pública.
Y la ética política, en gran parte, se refuerza con el Derecho Penal. Quien infringe la ética política y las leyes penales debe recibir su castigo. Eso eleva el listón. Los políticos ven cómo los corruptos van a la cárcel y ello aumenta el rechazo de la opinión pública.
¿Cómo valora la sentencia del ‘caso Nóos’?
No la he leído, pero en lo sustancial puedo decir que la única prueba que es válida es la que se practica en el juicio oral. Aquí, objetivamente, sí había cooperación necesaria de la Infanta hacia los delitos de su marido. Pero el conocimiento solo se puede demostrar en el juicio oral. Las magistradas han pensado que ella era inocente y no sabía nada de los negocios de su marido. No puedo decir si está bien o no la sentencia.
El fallo del caso Nóos deja en tres párrafos la absolución de la Infanta Cristina alegando que desconocía el origen del dinero. ¿Esta sentencia ha erosionado aún más el crédito de la Justicia?
Algo sí que la ha erosionado. Pero estoy convencido de que no hay una Justicia para ricos y otra para pobres. Según leí en la prensa, se pagaba dinero por informes o dictámenes inexistentes o que eran una mera copia, pero las empresas no lo han denunciado. Por consiguiente, esa otra parte de la fortuna de Urdangarin, que habría supuesto una administración desleal, no ha sido sometida a juicio.
Usted que conoce bien Alemania, ¿cómo calificaría la aportación de este país a la construcción europea, especialmente, a raíz del declive de la UE?
Es un papel bastante importante. Es la primera potencia industrial europea y son disciplinados. Pero tal vez la ampliación de la UE, especialmente al Este, no haya sido tan positiva Son países con una mentalidad en parte reaccionaria y con un pasado aún reciente de la dictadura comunista.
Tras emigrar a Hamburgo, cuenta en su libro, de reciente aparición, que tuvo noticia por primera vez del genocidio nazi entrando en un cine para ver un documental sobre el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. ¿Cómo fue?
En España no se hablaba del Holocausto, y tanto el Gobierno como la prensa eran germanófilas y se ocultaban los crímenes nazis igual que se ocultó la represión franquista después de la Guerra Civil. Me impactó conocer el genocidio de judíos, gitanos y homosexuales. En la sociedad alemana se hablaba del nazismo con normalidad, pero en las casas era un tabú.
¿Le fascinaron Willy Brandt y Helmut Schmidt?
Aquello era la socialdemocracia de verdad, de Brandt, de Olof Palme y de Clement Attlee, odiado por el franquismo, pero que es quien revoluciona el Estado del Bienestar en Inglaterra. Ese era el socialismo que a mí me gustaba, no el de Carlos Andrés Pérez. Los líderes del SPD me impresionaron por sus ideas, su formación y su facilidad de palabra.
¿Estuvo vigilado por la Stasi?
Sí, porque intervine en la defensa de un disidente comunista de la Alemania Oriental, y de ahí que cuando se desclasifican los papeles de la Stasi, los servicios de espionaje de la República Democrática Alemana (RDA), aparece el Expediente Gimbernat. Armé un gran revuelo. Incluso los jefes de la Stasi llegaron a preguntar a Honecker [ex jefe del Estado de la RDA], si me tenían o no que detener. En aquel momento, las cámaras de televisión estaban pendientes de aquel proceso. En la primera sesión del juicio no me dejaron acceder al tribunal, más adelante me prohibieron la entrada al Berlín Oriental y, cuando quise desplazarme para ir al entierro de mi defendido, me vetaron el paso a la RDA. Pero nunca me llegaron a detener.
¿Cómo era la universidad del franquismo?
Mucho mejor que la de ahora. No existía la endogamia. Muñoz Molina explica en Todo lo que era sólido que la corrupción no sólo afecta a la política. El mérito y la capacidad ya no tienen tanta importancia, y lo que funciona es el amiguismo. La universidad española está ahora mismo absolutamente hundida por la endogamia. Ya no hay oposiciones nacionales públicas, como sí existen para magistrados o para abogados del Estado. Cada departamento mete a los profesores de su cuerda, pero no hay una competición a nivel nacional entre todos los penalistas. Por otra parte, Bolonia ha sido un desastre. Para mí el profesor universitario, como decía Humboldt, tiene que dedicarse a investigar y enseñar. En la docencia debe transmitir aquello que ha investigado. Si no investiga se limitará a repetir un manual, y para eso no hace falta un profesor. Ahora Derecho se estudia en cuatro años, y hay que explicar la estafa, el robo y el hurto en una sola clase. Se hacen clases taquigráficas y, además, han aumentado las tareas burocráticas.
¿La Ley de Reforma Universitaria de Maravall (1983) cambió la ciencia por la endogamia?
Así fue, y así sigue siendo. Muchos parlamentarios son profesores universitarios y, claro, tienen sus intereses. Ocurría con el PSOE y ocurre con el PP. La ciencia exige ocho horas de trabajo. Si no, no se puede estar al día. Si uno está tanto tiempo sin hacer ciencia, entonces lo que explica a sus alumnos no es ciencia, es historia de la ciencia. En España no damos un premio Nobel desde Ramón y Cajal porque Severo Ochoa es de EEUU. Y no es porque seamos más pobres, es que nuestra universidad no funciona. Es una vergüenza que no se pongan de acuerdo en una cuestión que es de Estado.
¿Existe un tapón generacional, ya sea en la universidad o en la política y en la empresa, que impide la regeneración?
En la universidad, sí. Me apenan los jóvenes penalistas porque tienen un futuro muy incierto.
¿Qué han aportado Freud y el psicoanálisis al Derecho Penal?
He tratado de explicar a lo largo de mi trayectoria cuál es el mecanismo de la pena en función del psicoanálisis y cómo se forman los impulsos morales. Los niños, como diría Freud, son seres polimorfos perversos. Pero desde pequeños, mediante prohibiciones, se le impide hacer lo que les apetece porque encuentran el castigo. Así va naciendo la moral. A nivel colectivo, la amenaza del castigo introyecta lo que se debe hacer o no. Por eso cuando hay un terremoto o una emergencia, aumentan los delitos: existe la sensación de que no van a ser castigados. Y el Derecho Penal se ocupa de tipificar los comportamientos más graves que hay en la sociedad. Esto ayuda a conformar una moral colectiva, que es la función que en un ámbito individual cumplen los padres con el niño. El Derecho Penal afianza la moral social.
¿Está a favor de la memoria histórica?
Estoy a favor de rescatar los cadáveres de los desaparecidos y darles sepultura. En ese sentido, estoy a favor de la Ley de Memoria Histórica, aunque también de superar el conflicto por la guerra. En todo caso, hay que tener claro que cada país tiene su historia. La nuestra es la Guerra Civil, y eso está marcando la democracia española. Seguimos en el guerracivilismo. Los del PSOE llaman fachas a los del PP y éstos llaman rojos a aquéllos. Esto por ahí afuera no pasa. Y el guerracivilismo no se supera con ninguna ley.
Su familia procede de Cataluña. ¿La solución para el desafío independentista es aplicar el artículo 155 de la Constitución?
Es respetar y aplicar la ley. La gran conquista occidental es el Estado social y democrático de Derecho, y se caracteriza por el imperio de la ley, y la ley la interpretan los tribunales. Hemos visto cómo unos jueces americanos revocan unas órdenes ejecutivas del presidente de EEUU. Eso hay que respetarlo. Es un disparate y una aberración jurídica hablar del derecho a decidir. Para que exista tal debería estar recogido en alguna norma internacional. El Derecho debe estar recogido objetivamente en alguna norma.
Pero, ¿cómo aplica el Estado el 155? Porque lo que arguyen los dirigentes secesionistas es que ese artículo no tiene un desarrollo legislativo.
Por ejemplo, asumiendo las competencias de la Consejería de Interior del Gobierno catalán, es decir, de los Mossos. Una cosa son los políticos y otra los funcionarios, que tienen que pagar la hipoteca a final de mes. Si no obedecieran, se expondrían a un procedimiento penal y correrían el riesgo de perder su empleo. Tal vez se debería haber aplicado en la consulta de 2014. En el PP no pensaron que las cosas iban a llegar tan lejos. Rajoy dijo que esto era un lío. No era consciente de lo que se venía encima.
¿Qué salida le queda al PSOE?
El debate se ha enconado demasiado, pero el PSOE sigue siendo un actor fundamental en la democracia española. Sobre todo, cuando uno ve la izquierda que representa Podemos. Esta izquierda ha ido contra la casta, pero tiene un origen populista y chavista. Han estado allí y les han pagado allí. Se necesita que haya un partido socialdemócrata potente.
¿Se está solapando en Europa la amenaza del fascismo con el populismo?
Le Pen y Wilders son fascistas y populistas. Las dos cosas. Pero hay un rasgo común en todos los populismos que recorren Europa: la crisis económica. En España no porque el PP abarca desde el centro liberal hasta la extrema derecha.
¿La ‘Ley Mordaza’ se ha llevado por delante las garantías y precauciones que amparaban el derecho de manifestación?
Sí. Hay que derogarla porque cuando hay manifestaciones o faltas al respeto a la autoridad, ahora es la Administración la que impone sanciones. Hay que volver al Libro III del Código Penal para que sean los jueces, con todas las garantías, quienes decidan sobre si las faltas constituyen o no una conducta ilícita.

Fuente: http://www.elmundo.es/opinion/2017/04/08/58e7c81e22601d04208b4638.html

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