Las no primarias del PSOE

El Partido Socialista no ha celebrado sus primarias. Los militantes del PSOE no han elegido qué modelo de partido quieren. Tampoco han podido contraponer estrategias sobre cómo recuperar el papel que le corresponde (o debería corresponder) en la escena política española.

Solo al final de la campaña, en un breve intento de captar apoyos, algunos candidatos lanzaron propuestas electoralistas, como si de la elección del presidente del Gobierno se tratara, confundiendo a militantes con electores.

Independientemente de la victoria conseguida por Pedro Sánchez y de cómo vaya a afectar ésto a la vida parlamentaria en España, hay un hecho especialmente preocupante para la socialdemocracia española: el PSOE (y con ello, sus candidatos) se ha abstenido en sus propias primarias.

¿Por qué digo esto? Porque el PSOE ha decidido renunciar a sus propias primarias y ha entregado toda su proyección mediática a sus dos mayores rivales: PP y Podemos. Han puesto a sus militantes ante la tesitura de elegir entre azul y morado, ofreciéndoles dos opciones, pero en la que ninguna tenía el rojo socialista.

Si yo fuese Mariano Rajoy o Pablo Iglesias, estaría encantando de tener un rival como el PSOE, que lejos de intentar reivindicarse como la alternativa en el centro izquierda y tratar de recuperarse para ejercer de guía en la recuperación de las políticas socialdemócratas en España, ha decidido que el eje de su debate debía girar entorno al conservadurismo y el populismo.

Lamentablemente, renunciar a reivindicarte supone que otros lo harán en tu lugar y que, mientras tú te lames las heridas esperando a que pase el dolor, otros están aprovechándose para ocupar ese espacio que has renunciando a defender. También, lamentablemente, el PSOE se encamina, de manera inexorable, a seguir los pasos que han dado sus homólogos en Francia, Alemania o Reino Unido. En nuestro caso, porque ésta renuncia del PSOE a votarse a sí mismo, se suma a la que hizo hace tiempo de defender la igualdad de derechos y de oportunidades de todos los españoles.

Así, en unas futuras elecciones, el PP solo tendrá que agitar la bandera del temor al populismo para movilizar a aquellas personas que, aunque hastiadas del paro, la precariedad, la corrupción y la negación de un futuro mejor, prefieran lo malo conocido.

Por este motivo, aquellos que firmemente creemos en la necesidad de una socialdemocracia moderna representada en una izquierda cívica, defensora de la ciudadanía común, de la libertad individual y basada en los pilares de la solidaridad, debemos estar preparados para dar la cara y ponernos en primera fila para defender las ideas que nos han llevado a las mejores épocas de desarrollo y bienestar.

Porque si otros han decidido renunciar, ahora, nosotros decidimos dar el paso.

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