Llámalo Socialdemocracia

Una de las señas de identidad de Ahora Plataforma ha sido su apelación directa a la socialdemocracia como referente ideológico. Esto ha supuesto una cierta sorpresa, tanto por la claridad de la definición en tiempos políticos de calculada ambigüedad y de desmarque de etiquetas, como por la imagen un tanto desfasada del término tras ser baqueteado durante muchos años.

Un reciente y muy interesante artículo de Carlos Sánchez en El Confidencial citaba a Kenneth Rogoff y Carmen Reinhard. El articulista se centraba en reflexionar sobre cómo un estado del bienestar más fuerte puede desactivar los nocivos populismos que crecen como malas hierbas en Europa y el resto del mundo occidental. Para ello pasa revista a varios de los temas que están en el temario de la acción política próxima y con los que nos la jugamos más a corto y medio que a largo plazo.

Sólo un estado del bienestar fuerte que responda a las necesidades de los ciudadanos puede ser un dique realmente eficaz contra las tentaciones populistas, que pueden tener efectos más devastadores de lo que a simple vista parece percibirse. No hay más inventos. Y el verdadero debate es cómo conseguir financiarlo en un entorno económico en el que el trabajo es cada vez más un bien escaso, la productividad no avanza de forma suficiente para competir con economías ya más emergidas que emergentes y el envejecimiento de la población no revierte.

El artículo cita dos conceptos contrapuestos. Por un lado, las falsas liberalizaciones, que definen fórmulas de protección social más conducentes a retrotraernos al pasado. Abogan por fórmulas de complementación salarial de sueldos bajos que no pueden pagar algunos servicios ahora ya conceptuados como mínimos. No todas estas iniciativas serán descartables, seguramente. Pero no pueden convertirse en el eje central de un sistema social que ha articulado y de alguna manera definido Europa en el siglo pasado. Y que sólo cabe conservar y mejorar.

Por otro lado, habla del concepto de flexiseguridad acuñada en países centrales de Europa y que se define como economía flexible digitalizada y protección social que dé seguridad a la población. Es necesario dimensionar el gasto público de forma adecuada con un esfuerzo superior al actual. Pero con recursos provenientes de un sistema productivo más capaz de generar valor añadido y no tanto del esfuerzo de las clases medias asalariadas, que ya aportan su esfuerzo correspondiente. Y sobre todo de conseguir un sistema fiscal eficiente. No sólo de abordar las bolsas de fraude ya consabidas, ni siquiera del gasto público inútil en la arquitectura administrativa de comunidades, diputaciones y ensoñaciones independentistas. Hablo de eficiencia y modernización en el gasto público de las partidas más sensibles y cuantiosas: sanidad y educación. En lugar de optar como única salida por las privatizaciones cabe ser más ambicioso trabajando de verdad por la eficiencia de lo público.

Las palabras se van desgastando y más si algunas se han ido vistiendo y trasvistiendo desde hace más de un siglo. Pero lo realmente importante es que nos entendamos con ellas. Si alguno sólo recuerda las connotaciones menos atrayentes al oírlas, puede sentir un amago de rechazo. Pero lo realmente útil es poder referirnos a la defensa de un estado de protección social ya tan interiorizado por nuestras sociedades que ni siquiera muchos de sus más feroces críticos estarían realmente dispuestos a renunciar a él. Llamémoslo como queramos para entendernos. Por ejemplo, socialdemocracia como siempre ¿Por qué no?

Gabriel López.

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