Primero, votemos y… el 22-D, construyamos una alternativa

La abstención casi siempre es un error. En democracia todos los ciudadanos somos políticos y, por ello, resulta ineludible que participemos en la toma colectiva de decisiones que a todos nos afectan. En las elecciones catalanas de este jueves, además, nuestro voto adquiere una dimensión capital: derrotar al nacionalismo en las urnas y enviar el prusés a su lugar indicado, el basurero de la Historia.

No significa esto que debamos atribuirle a los comicios el carácter plebiscitario que algunos sugieren. Ninguna elección puede determinar exención alguna en el cumplimiento de la ley. Tampoco una hipotética victoria de un partido o bloque secesionista legitima la ruptura de nuestra ciudadanía compartida. La ciudadanía democrática no se asienta en volátiles apetencias. Tampoco en elementos étnicos o culturales, ni en la pretendida voluntad de ser o dejar de ser nación. La ciudadanía democrática reside en el conjunto de leyes que a todos nos igualan y que garantizan nuestros iguales derechos y deberes.  Esas leyes conforman el marco de convivencia de todos los ciudadanos, más allá de sus sentimientos, voluntades y preferencias culturales, religiosas, identitarias o nacionales. Así, un ciudadano español puede no sentir apego alguno hacia España, como también puede un ciudadano español empadronado en Cataluña sentir la más absoluta indiferencia respecto a las presuntas singularidades de esa concreta CCAA. Pero ni estas presuntas singularidades, ni cualesquiera otras que se desee invocar, pueden justificar el troceamiento de nuestra ciudadanía y la fragmentación del espacio político compartido. De igual modo, un ciudadano con un cuantioso patrimonio y altas rentas puede sentir desgana a la hora de cumplir la normativa fiscal que le obliga a pagar impuestos, lo cual no obsta en modo alguno a que tenga que pagarlos puntualmente. A veces, las normas que restringen nuestras voluntades más primitivas nos incomodan, pero es bueno que existan y se respeten porque, de lo contrario, estaríamos en manos de los que quieren atropellar a los demás e imponerse arbitrariamente y a toda costa. Es la diferencia capital entre estado de naturaleza y civilización.

Nuestro compromiso con el voto tiene por tanto una naturaleza diferente a la plebiscitaria. Es un compromiso cívico y democrático. El voto es el instrumento para tomar parte activa en la construcción de nuestro futuro compartido. Y, a pesar de ser éstas unas elecciones autonómicas, nos parecen de especial trascendencia para nuestro futuro como país. Es saludable que el mantra nacionalista sufra un severo correctivo en las urnas y que la pesadilla identitaria sea derrotada con contundencia. Para eso, es imprescindible votar a favor de las candidaturas que defienden la unidad cívica de España – no como quintaesencia de ninguna clase, sino como implantación institucional y territorial de nuestros derechos de ciudadanía – y la legalidad vigente. Sin embargo, votar, siendo imprescindible, es insuficiente. Necesitamos algo más. El 21-D no debe ser el final de la rebelión cívica contra el nacionalismo asfixiante, sino un hito más que nos permita abordar con garantías el verdadero reto ineludible: la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo – verdadera religión laica contra los cimientos de la Ilustración e ideología-cliché profundamente reaccionaria – desde la izquierda.

El 21-D iremos a las urnas sin habernos desprendido de una vez por todas de la pinza en la nariz. Entre las opciones de voto, una vez más toca constatar, para nuestra desolación, la inexistencia de una alternativa creíble en la izquierda no nacionalista. Desde luego, no se puede concebir como tal CAT en Comú toda vez que el injerto nacionalista e identitario en la misma es prácticamente hegemónico, con todo lo que ello comporta de lesivo para los intereses reales (sociales) de la izquierda. Aunque no de manera tan pronunciada, otro tanto podría decirse del PSC. Su historial de Tripartitos no dejar lugar a la duda. La petición de indultos de Iceta, su apuesta decidida por la inmersión lingüística, por la plurinacionalidad, por el pacto fiscal para Cataluña, por el federalismo asimétrico y por el reconocimiento de hechos diferenciales conforman un conglomerado peligroso y difícilmente creíble desde una óptica progresista y no nacionalista. Con escasas opciones, encontramos a Recortes Cero, siempre valientes y encomiables. Sin embargo, en unas elecciones tan polarizadas como éstas, entendemos que será difícil un voto de estas características. Seguimos echando en falta una candidatura unitaria, con un discurso claro y nítido contra el nacionalismo (también frente a sus terribles y nefastas imposiciones lingüísticas), que, desde la izquierda, sea capaz de presentar una alternativa política con visos de éxito, no meramente testimonial.

En un clima de confusión y polarización, algunas personas de izquierdas – nada como observar la pulsión de voto en el cinturón rojo de Barcelona – votarán a Ciudadanos. Con la pinza en la nariz, sin convencimiento respecto a un discurso escasamente social, y menos aún respecto a un partido político que ha purgado en su seno el relato socialdemócrata y su antaño posición nítida contra la inmersión lingüística, que hace tiempo fue abandonada. A poca gente pueden quedarle dudas de que ni unos ni otros constituyen la alternativa necesaria que la izquierda no nacionalista precisa.

¿Y entonces, qué? Como dijo Fernando Savater, “si no hay alternativa, tendremos que inventarla”. Pronto habrá importantes e ilusionantes novedades en la izquierda cívica, desacomplejada a la hora de reivindicar un discurso social que no se diluya en la ortodoxia liberal-conservadora de la derecha, e igualmente desacomplejada para dar la batalla de las ideas frente al nacionalismo identitario que ahoga a la izquierda e invierte sus prioridades, a causa de la miopía y cortoplacismo de los titulares de la izquierda oficial – y meramente nominal – de nuestro país. Plataforma Ahora, fiel a su compromiso fundacional, participará activamente en la creación de esa alternativa a partir del 22- D. Primero, votemos. Después, construyamos una izquierda no nacionalista creíble y ganadora.

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