“¿Por qué ha dejado de importar el PSOE?” por Esther Palomera

Aunque España bulla y Cataluña hierva, aunque Europa tiemble y las mujeres clamen, aunque los parados lloren y los pensionistas malvivan, aunque la corrupción apeste y los corruptos “canten”, aunque Ciudadanos crezca y el PP desfallezca… Nadie mira al PSOE. No existe. Da igual lo que haga, lo que diga o lo que trame. Este sábado se reúne su máximo órgano entre congresos y lo más que saldrá de él es un apoyo unánime a las nuevas normas internas del partido.

Pero hasta sus maquinaciones orgánicas han dejado de interesar al respetable. Aquello de que lo interno daba legitimidad social ha pasado a la historia. Un partido con casi siglo y medio, el que más tiempo ha gobernado España en democracia y, de repente, ha salido abruptamente de la escena tan sólo ocho meses después de la reconquista de la secretaría general por parte de Pedro Sánchez. Ni él, ni sus movimientos, ni sus propuestas están ya en los medios, mucho menos en la calle, en las universidades o en los despachos.

Sánchez, ausente de la escena nacional

Dicen que las metáforas, en ocasiones, son más reales que la gente que camina por la calle, y quienes han pasado este año por los Carnavales de Cádiz, cuentan que allí se vio sin duda una de las estampas más verídicas del actual marco político porque entre corsos, murgas y chirigotas, estaban de un modo u otro Rajoy, Rivera, Iglesias y hasta Susana Díaz, pero no Sánchez. Ni una sola alusión al que sin duda es el gran olvidado, y no sólo por las comparsas o porque no tenga un escaño en el Congreso de los Diputados.

Si estuvo ausente del carnaval es porque distraído anda también de la escena pública por una deliberada ausencia de los medios de comunicación nacionales que atribuyen a su asesor de cabecera, Iván Redondo, pero la escasa penetración de sus iniciativas o mensajes no es en absoluto premeditada. Y cada vez es más notorio que el PSOE ha dejado de importar en el actual marco multipartidista como actor político de relevancia, pese a que la inercia del eje PP-PSOE de los últimos 30 años le haya permitido asomarse por una esquina del cuadrilátero de cuando en cuando.

¿Motivos? En la agenda pública, el PSOE se esfuerza por instalar a diario temas que, ante la magnitud de la crisis territorial, no cuajan en la opinión publicada pero al mismo tiempo se esconde de otros que, como el problema catalán, le incomodan. Así que una explicación de su palmaria ausencia de la escena quizá tenga que ver con ello, con que un partido que aspira a gobernar España no puede abstraerse de asuntos que no le interesan electoralmente y que no son menores. ¿Quiere eso decir que a los españoles les interesan más las banderas que las pensiones? En absoluto, si acaso significa que un proyecto de país no se construye con una decálogo de medidas pensadas para conquistar tan sólo un titular de los informativos o los digitales.

Sociólogos, politólogos y analistas comparten desde hace tiempo que hay dos problemas de fondo en la ausencia de latido que se percibe en el PSOE. Uno tiene que ver con la estrategia y otro con el capital humano de sus cuadros. El segundo es compartido hasta por algunos de los actuales inquilinos de la calle Ferraz, que no esconden su decepción con la escasa talla de algunos miembros de la dirección federal, muy curtidos en batallas orgánicas pero con escasa formación política e intelectual.

Si alguien pensara hoy en escribir un libro con los 100 personajes más relevantes de la España actual, plantea un experto en estrategia política, no habría ni uno del “nuevo PSOE”. Expresión, por cierto, acuñada por los de Sánchez para distinguirse del pasado reciente y remoto del partido, pero contradictoria en sus propios términos -dada la historia que acumulan las siglas- e inasumible para el electorado que nunca anda escaso de memoria.

Sobre la funcionalidad política

El caso es que para preguntarse hoy por la influencia política del PSOE en el actual marco político habría que hablar antes de dos de las actitudes básicas por las que el electorado puntúa a los partidos: una posicional que tiene que ver con el terreno ideológico y que lleva a un determinado perfil de votante a no moverse y apostar siempre por los “suyos” hagan lo que hagan, y otra funcional ante la que los ciudadanos deciden sus preferencias por la utilidad de un partido para construir o destruir, bien sea un proyecto de país o una alternativa de gobierno.

En la coyuntura política actual con un PP en minoría, la funcionalidad política del segundo partido más votado estaría entre su capacidad para derribar al Gobierno o para condicionar sus políticas. Pero hoy el PSOE no reúne mimbres ni para una cosa ni para otra ya que ni lidera una alternativa real de cambio ni representa una promesa creíble de Gobierno a corto plazo. Si a ello se suma una marca desgastada por las peleas internas y una dirección que desde que llegó ha dedicado más tiempo a controlar los resortes del poder orgánico -léase el Reglamento que aprobará esta mañana el Comité Federal- ahí tienen los motivos del desinterés social por el PSOE.

Cuando el socialista era un partido determinante para España, lo que ocurría dentro de las paredes de su sede y sus batallas orgánicas aún importaban. Y hasta eso ha cambiado porque la percepción social respecto al PSOE como alternativa real al Gobierno de Rajoy no se percibe por ninguna parte en buena medida porque el partido y sus actuales dirigentes han abandonado la vocación de mayoría para hablar de sí mismos y de cuáles pueden ser las posibles alianzas con sus competidores.

Sin vocación de mayoría

Si hoy se preguntara en los sondeos, para qué sirve el PSOE, es probable que entre los encuestados haya quien no atisbe una respuesta clara en la medida en que, más allá de propuestas aisladas, no se le conoce un proyecto global para España ni se le vislumbra en el horizonte desmoscópico como primera fuerza política en sustitución de una derecha que en sus diferentes modalidades, y pese al desgaste del PP, sigue sumando más apoyo ciudadano que el socialismo por sí solo o en compañía de Podemos.

Por tanto ante la pregunta de por qué ha dejado de importar el PSOE, la respuesta sería porque no está clara su funcionalidad política. Dicho de otro modo y en expresión de un experto en estrategia política : porque no se sabe para qué sirve. Si a esto se le añade , como decíamos, una marca desgastada y ensimismada con sus líos internos y un discurso tan autoreferencial que ha llevado a convertir en identitario hasta el lema corporativo (“somos la izquierda”) es más sencillo entender el comportamiento electoral ante el socialismo español, que tampoco es ajeno a la crisis global de una socialdemocracia que parece haberse quedado sin respuestas ante los grandes retos del siglo XXI.

Una plataforma al servicio del líder

El caso español languidece además de como consecuencia de un liderazgo que no conecta con las aspiraciones sociales, por la construcción de un modelo de partido que ha enterrado la democracia representativa para convertir el PSOE en una plataforma electoral al servicio de un líder directamente vinculado a las bases, sin estructuras intermedias, desprendido de toda “organicidad” y cuya máxima preocupación desde que volvió a Ferraz fue blindarse en la secretaría general y neutralizar el poder territorial que hasta ahora tenían los barones, en especial Susana Díaz, que como otros barones ha decidido, y no por compromisos institucionales, no asistir hoy al Comité Federal para no votar el nuevo Reglamento del partido.

De esto ha ido la semana socialista, de un partido que languidece por momentos y al que ni los propios le encuentran el pulso. La preocupación por lo que pueda pasar en las elecciones municipales y autonómicas de 2019 es máxima y lo que pase en ellas no será imputable sólo a los cabezas de lista.

Autor: Esther Palomera
Fuente: http://www.huffingtonpost.es/esther-palomera/las-claves-de-la-semana-por-que-ha-dejado-de-importar-el-psoe_a_23363745/

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