Ahora, contra los paraísos fiscales

En la semana de acción global contra los paraísos fiscales, Plataforma Ahora quiere expresar una vez más su firme e inequívoco compromiso con esta causa justa. Como perfectamente refleja el Manifiesto de la Plataforma por una fiscalidad justa, “los paraísos fiscales son los buques insignia de la actual economía de casino, constituyen una burla a la legalidad internacional y no poseen ninguna base económica de interés para el bien común, sólo sirven a los intereses espurios de las élites económicas, delincuentes financieros y criminalidad organizada. Son auténticas lacras económicas que profundizan la desigualdad, contribuyen a crear desequilibrios, crisis económica y corroen la democracia. Por lo tanto han de ser erradicados por la comunidad internacional”.

Observamos con preocupación un pacto de silencio ante esta lacerante situación que, a la hora de la verdad, bloquea y trunca cualquier intento serio de enfrentarse de forma contundente y efectiva a las desigualdades sociales. No son pocos los poderosos intereses de determinadas élites económicas para blindar su existencia y garantizar su persistencia. Bajo el manto de la libre competencia entre agentes económicos y Estados, algunos defienden realidades que, de facto, terminan agrediendo de forma directa las políticas sociales, la lucha contra la desigualdad y la redistribución de la riqueza. En la propia Unión Europea, a cualquier nos viene a la cabeza un sinfín de Estados o regiones que desde hace tiempo vienen ofreciendo condiciones fiscales agresivamente atractivas, que promocionan fenómenos como las deslocalizaciones, la competencia fiscal descarnada o el vaciamiento de los impuestos como instrumentos de redistribución de la renta y reequilibrio social.

La manida reivindicación de armonización fiscal europea o mundial cae en saco roto. No es que no se utilice el eslogan recurrente de caminar hacia tan imprescindible medida cada vez que entramos en campaña electoral; ocurre, sin embargo, que, a la hora de la verdad, casi todos miran hacia otro lado. Que las élites financieras y algunas grandes fortunas ambicionen la perpetuación de los paraísos fiscales es ética y políticamente reprobable, pero al menos responde a una lógica – espuria, eso sí – : la lógica de la insolidaridad y la nula conciencia social. Sin embargo, lo que sigue constituyendo un misterio indescifrable para nosotros es que algunas fuerzas autoproclamadas de izquierdas o progresistas promocionen la descarnada competencia fiscal entre CCAA dentro de España, la asimetría impositiva más absoluta y la creación de micro-paraísos fiscales dentro de nuestro propio Estado. Tamaña impostura, espoleada por la genuflexión de nuestra izquierda nominal ante el nacionalismo, sólo sirve para restar credibilidad al discurso progresista y lastra sus legítimas reivindicaciones para Europa y el resto del mundo.

Plataforma Ahora no ha ocultado nunca su rechazo a cosmovisiones ultraliberales que anhelan desmontar el entramado institucional y democrático de nuestra sociedad, dejando vía libre a un mercado plenipotenciario, sin controles, normas ni límites que lo fiscalicen. Entendemos que la clave del progreso social y material no radica en que las desigualdades se combatan desde el asistencialismo residual o desde la caridad privada, sino por medio de Estados fuertes, con entramados institucionales robustos y funcionales y un diseño inclusivo de servicios sociales de calidad. Para conseguir tal cosa, los impuestos progresivos y justos, especialmente proyectados sobre las grandes fortunas y multinacionales, así como sobre las rentas del capital y las transacciones financieras, resultan esenciales para garantizar la imprescindible redistribución y financiación suficiente de dichos servicios públicos. En un mundo crecientemente globalizado, es absolutamente ineludible dotarnos de unas mismas reglas y normas en toda la Unión Europea, y eso únicamente para empezar.

No es legítimo que permanezcamos impasibles ante la impugnación de todas y cada una de las conquistas sociales alcanzadas durante el siglo XX (Seguridad Social, sanidad pública y universal, sistema público de pensiones, entre otros) mientras las plataformas digitales, las grandes fortunas y las corporaciones multinacionales acometen políticas de ingeniería fiscal para deslocalizarse y pagar los menores impuestos posibles. No podemos seguir silenciando las dramáticas consecuencias de esos fraudes y elusiones: pobreza, desigualdad, erosión de la democracia representativa, sentimiento de falta de representatividad, eclosión de movimiento antipolíticos, etc.

Los paraísos fiscales, dentro del proyecto de solidaridad global que anhelamos, son absolutamente inaceptables. La naturaleza de los mismos no lastra únicamente la lucha por la igualdad, sino que también socava las bases más irrenunciables de nuestro sistema democrático. Convierte en quimérica la igualdad de oportunidades y relega la libertad a la condición de cláusula formal sin contenido material. Su erradicación resulta, por tanto, ineludible.

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