Quim Torra, el nacionalismo sin filtros

El reguero de tuits y artículos xenófobos de Quim Torra ha pillado por sorpresa a algunos. A demasiados, cabría matizar. Sorprende la sorpresa, valga la redundancia, ante comentarios atávicos, etnicistas y repletos de odio como los del tal Torra, puesto que ese estupor revela, tal vez, un profundo desconocimiento de la verdadera pasta de la ideología subyacente. Una ideología que no es otra – huelga recordarlo una vez más – que el nacionalismo.

Durante décadas en nuestro país se ha sembrado una verdadera aberración conceptual, cuyos frutos se nos revelan ahora prolíficos e inabarcables: la del presunto nacionalismo de cariz cívico e integrador, leal a la gobernabilidad del país e instrumento idóneo para garantizarla y alcanzar mayorías electorales estables. Los principales partidos políticos españoles se han empeñado durante demasiado tiempo en cultivar la ilusoria idea de que se podía construir España con aquellos partidos políticos cuyo programa político giraba, precisamente, en torno a la dilución de España, a su fragmentación como espacio político de convivencia y al levantamiento de muros y fronteras étnicas entre conciudadanos. ¿Qué había, pues, de integrador y cívico-democrático en el nacionalismo? Nada más que la voluntad electoralista y el anhelo de perpetuarse en el poder de los principales agentes políticos, presuntamente no nacionalistas. Ninguno desconocía que los exabruptos del tal Torra no traen causa de la imaginación calenturienta de un sujeto especialmente exaltado o bruto, sino que más bien enlazan con naturalidad con las ideas xenófobas de los hermanos Badía, o, en otras latitudes, ideológicamente siamesas, con la pulsión indubitadamente racista del fundador del PNV, Sabino Arana. A ningún observador honrado de la realidad se le escapaba que el nacionalismo, en última instancia, persigue la fractura social, no es ajeno al supremacismo más incompatible con la modernidad y es rabiosamente refractario a respetar las dinámicas de justicia y distribución sobre las que se asienta la nación política. ¿Y entonces?

Entonces resultó más cómodo mirar a otro lado cuando tocaba cambiar la ley electoral para garantizar la igualdad y proporcionalidad del voto y, de paso, privar a los nacionalistas de la sobrerrepresentación que les facultaba para condicionar, no sin chantajistas contratos de adhesión, la gobernabilidad de un país en el que no creían. Ciertamente, como Plataforma Ahora lleva tiempo diciendo, el problema no es tanto el nacionalismo de los nacionalistas, ni siquiera cuando se presenta en su forma más primaria, sin ninguna clase de filtros, destilando genuino racismo. El problema es la sumisión intelectual que durante demasiado tiempo han mostrado aquellos que, a pesar de no ser teóricamente nacionalistas, se han comportado de forma mimética a sus postulados y objetivos.

Especialmente desolador, pues en esto también hay grados, nos parece el comportamiento de la izquierda, tanto la de Cataluña como la del resto de España. Algunos se rasgan las vestiduras, a estas alturas, cuando comprueban que la revolución de las CUP consistía, lisa y llanamente, en poner la alfombra para que la derecha más reaccionaria dé un paso adelante hacia el levantamiento de una nueva frontera entre ciudadanos españoles. Descubriendo Mediterráneos se pasan la vida algunos. La revolución de la izquierda nacionalista era una verdadera involución, cosa que no debiera provocar tanta sorpresa a los sorprendidos profesionales. Más que nada, porque si se hubieran tomado en serio la izquierda, hace años habrían alcanzado una conclusión básica: la izquierda y el nacionalismo no son compatibles.

El tal Torra no es una anomalía, por tanto, en el espectro nacionalista. Aceptemos que sus formas pueden caer del lado de los exabruptos sin filtros, sin disfraces o caretas. Es de agradecer la claridad. El fundamento de esos exabruptos es, sin embargo, el fundamento clásico del nacionalismo: la creencia de formar parte de un pueblo preconstituido, superior al resto; el odio y el miedo al diferente; el desprecio por la solidaridad y la redistribución; la vindicación de la tribu y la identidad en contraposición a la ciudadanía. Las ideas de Torra no son, a pesar de la zafiedad con la que se nos presentan, ninguna anomalía y no deben extrañarnos. Las ideas de Torra son el reflejo fidedigno de lo que es el nacionalismo.

La verdad anomalía experimentada durante años en España viene dada por el comportamiento sumiso y complaciente de los no nacionalistas ante esta ideología supremacista e incompatible con los fundamentos más elementales de la democracia. El verdadero hecho diferencial de nuestro país es que cierta izquierda, la izquierda nominal, la que se arrogaba la potestad de repartir carnés de buen y mal izquierdista, ha conferido de forma gratuita y demencial un aura de progresismo a un movimiento tan reaccionario como el del tal Torra. Movimiento, por cierto, con afinidades ideológicas en Europa: los verdaderos finlandeses, La Liga Norte, el Frente Nacional, esto es, la extrema derecha paradigmática. Cierto es que, en ocasiones, la xenofobia se presenta en un grado de ebullición mayor aquí, pero por lo demás, existe un parangón casi exacto entre la extrema derecha europea y la extrema derecha española. Ficciones buenistas aparte, sí hay extrema derecha con representación institucional en España: la que quiere romper la comunidad política democrática, la que odia y desprecia a andaluces, extremeños y al resto de españoles, la que cree que los catalanes son un pueblo superior, la que anhela un muro que separe conciudadanos, mutile la ciudadanía de millones de personas y los convierta en extranjeros en su propia país. La quintaesencia de lo facha, en definitiva.

La pregunta, una vez más, no es qué van a hacer los xenófobos y los racistas, sino qué vamos a hacer los demócratas. La segunda pregunta que nos queremos formular desde Plataforma Ahora es la que interroga sobre el comportamiento exigible a la izquierda. Ambos interrogantes van de la mano. No debemos esperar nada de quienes desprecian la ley, marco de convivencia democrática, y planean dirigir su acción de gobierno de forma acompasada a los dictados del prófugo de la justicia y de los demás coautores del golpe de Estado. Importa que los demócratas recordemos que la ley en democracia es el dique contra todas las arbitrariedades y abusos imaginables y que, sin ley, nos enfrentamos al gobierno de los hombres, al gobierno de la fuerza, a un limbo sin derechos ni garantías, terreno propicio para que rija la pura ley de la selva. La aplicación del Estado de derecho no puede ponerse, por tanto, entre paréntesis o someterse a la voluble apetencia electoral de nuestros gobernantes. En una dimensión paralela pero correlacionada, es perentorio que se lleve a cabo de forma urgente e inaplazable una verdadera deslegitimación intelectual e ideológica del nacionalismo. Que se deje de observar al nacionalismo, se nos presente con filtros y maquillaje o en la forma abrupta y primaria del tal Torra, como una ideología progresista o simpática con la que alcanzar acuerdos que siempre son cesiones. La izquierda tiene en ello una responsabilidad central.

Plataforma Ahora, como organización desacomplejadamente de izquierdas, está plenamente convencida de ello. La izquierda no puede seguir dando alas a un proyecto que se ubica en sus antípodas ideológicas, que supone la negación absoluta de todos sus valores nucleares. El tal Torra y sus acólitos representan la negación de cualquier horizonte de emancipación y progreso; son la antítesis de la fraternidad, la igualdad y la libertad. La izquierda no puede resignarse a contemplar silente los errores de los que usurpan su nombre para patrocinar políticas identitarias y loas a la comunidad de odio y supremacismo. La izquierda debe desenmascarar al nacionalismo, confrontar con sus prejuicios nuestras ideas, y derrotarlo democráticamente. Está en juego nuestro futuro y nuestra condición más irrenunciable, la de ciudadanos libres, fraternos e iguales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s