“Podemos: un poco de coherencia” por Luis de Velasco

Durante estos (todavía escasos) años de democracia en nuestro país, los reprobables comportamientos de todo orden de muchos políticos, han traído como resultado un descrédito de la noble y necesaria actividad política y de los políticos. Se habla de “la clase política” como una clase aparte (incluso una casta) y se afirma que “todos son unos corruptos”. Generalizaciones que precisamente por ser generalizaciones son injustas pero que tienen un fondo de verdad y que por eso, inevitablemente, prenden en la opinión pública.

Es en este contexto en el que debemos situar lo ocurrido con Podemos, desde su surgimiento e inicial éxito hasta el caso que hoy ocupa la primera plana en los medios y seguramente en la opinión pública en nuestro país, por delante del eterno de los últimos tiempos, la contumacia de los dirigentes “indepes” catalanes en su “procés”, auténtico golpe de estado blando, o sea sin tanques en la calle.

Recordemos que hace años surge y crece Podemos pretendiendo ser un partido (o algo más que un partido) renovador y reformista, incluso revolucionario, en sus objetivos y planteamientos, incluso en sus aspectos formales desde sus procedimientos hasta sus modos y vestimentas, En suma, buscando el cambio total basado en la distinción entre “los de arriba” y “los de abajo”, “la casta” y “el pueblo”, los “privilegiados” y “los sacrificados”. Nada nuevo en la historia de la Humanidad, pero sí en nuestro país en los últimos cuarenta /cincuenta años.

Jugar esta carta reformista/revolucionaria exige muchas cosas pero sobre todo exige coherencia entre lo que se afirma y se predica y lo que se hace, el cómo se comporten sus militantes y apóstoles, especialmente los más destacados y conocidos, no solo en su actividad política, sino además en decisiones privadas que estén ligadas a esa actividad política/ pública. Puede parecer injusto pero las cosas son así en sociedades cada vez menos opacas y más escrutadas por todos. Así son y deben ser las democracias avanzadas y eso parece ser que es lo que quiere Podemos (y otros partidos). Todo eso seguramente es molesto, pero a nadie le obligan a dedicarse a la actividad política. Así que si uno “entra“ ahí debe saber que esas son las reglas del juego.

Es decir, la primera es la transparencia de los comportamientos. Respetarla y ejercerla. Duro y difícil pero imprescindible para lograr algo también imprescindible: la credibilidad de la ciudadanía, que es la que al final decide en una democracia.

En este proceso es clave la coherencia entre lo que se afirma, se proclama, se predica y lo que se hace en la realidad de la vida, tanto en decisiones políticas como en personales importantes. Y esto nos lleva al caso de la vivienda  Iglesias – Montero y de su precio y financiación. Vamos por partes, que dijo Jack el Destripador.

No se trata, como algunos han enfatizado, de que ellos no puedan, desde el punto de vista ético, comprar una vivienda. Se trata del tipo de vivienda, no precisamente modesta y proletaria sino más propia de esa casta capitalista tan denostada por ellos. En esto han insistido muchos miembros del partido.

Se trata también de las condiciones de financiación obtenidas que, al parecer (insistimos en esto porque aquí la información es escasa) son mucho más favorables que las normales en el mercado. Y como la entidad financiera no es una ONG (ninguna lo es) hay sospechas fundadas de condiciones especiales “por ser vos quien sois” y la pregunta es entonces ¿a cambio de qué? Contrasta esta situación con lo que se va conociendo estos días de los préstamos universitarios con las entidades financiadoras embargando a estudiantes, etc. Así es la vida, los de arriba y los de abajo, la casta y el pueblo, solo que esta vez es al revés para suerte de algunos.

En vista de la situación, mi opinión (seguramente equivocada, no les conozco) es que Iglesias y Montero creen que se han equivocado y buscan un “salida” a la desesperada mediante una especie de plebiscito. Otra incoherencia que se suma a la primera y principal, la “madre de todos sus errores”, la compra no tanto de un casa sino de una especie de mansión. Lo coherente y democrático debería ser el reconocimiento de su grave error seguido de su dimisión irrevocable. Por supuesto que eso es muy duro pero es lo que exige una mínima coherencia ejemplar, sobre todo en militantes de izquierda.

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