‘iDental o el orden espontáneo’ por Gorka Maneiro

Cuando empiezo a escribir estas líneas, los periódicos informan que la Audiencia Nacional asume la investigación del fraude de iDental. La Fiscalía General del Estado ha interesado la apertura de diligencias previas por estafa en diferentes Juzgados de Instrucción y, ahora, por la magnitud territorial y sustantiva del caso, el cauce penal se dirige hacia Madrid. Mientras, los Juzgados de Primera Instancia se preparan para recibir un nuevo aluvión de demandas judiciales por incumplimiento contractual.

Miles de personas han sido afectadas. En los últimos días he conocido a varias. José pasó unos años de su vida difícil, luchando contra su adicción. Con esfuerzo y tesón terminó saliendo del hoyo. Había logrado ordenar su vida, tener unos ingresos muy modestos pero suficientes para sobrevivir. Paga honradamente su alquiler en Vallecas, como cualquier hijo de vecino. Ahora estaba ilusionado con arreglarse la boca. Le hablaron de una clínica que facilitaba la financiación del tratamiento. No tuvo más opción que aceptar las condiciones propuestas, no tenía ahorro alguno para abonar al contado el tratamiento.

Marcos, que concatena contratos fraudulentos en televisión – ahora le han dado de baja en período vacacional y cuando le hagan nuevo contrato no le respetarán la antigüedad -, fue con su primo y su mujer a iDental. Le atendieron con amabilidad pero pronto algo empezó a parecerles extraño. Hoy, la prótesis que lleva puesta no es definitiva y en cualquier momento puede caerse. Comer se ha convertido en una odisea. Juana y su marido viven con mil euros al mes, tienen dos hijos. Trabajan de sol a sol. Junto a toda su familia fueron a iDental para someterse a un tratamiento bucodental que llevaban anhelando durante años. Les supuso un verdadero esfuerzo económico. Hoy, cuando sonríen resignados, uno puede comprobar perfectamente como nadie les ha solucionado absolutamente nada. A Marta, por ejemplo, después de la primera cita, si le han visto, no se acuerdan. Porque nunca más se supo de iDental. Las dos clínicas en la Comunidad de Madrid ya han cerrado. Las del resto de España van por el mismo camino.

En la delgada línea que separa a veces el incumplimiento contractual civil y la estafa penal, ahí se mueven las oscuras sombras de este caso. Caso aislado, nos dirán algunos. Como si todavía debiéramos agradecer que la obscena vulneración de derechos de los más débiles de la sociedad no fuera aún más frecuente e intensa de lo que ya es.

Si uno tiene a bien poner la televisión, no será extraño encontrar a algunos profetas de la verdad revelada alertar sobre la perfidia de lo público y loar los méritos del mercado. Juan Ramón Rallo descolla entre todos: en la sanidad pública, no son los empresarios con buenas ideas los que se estrujan los sesos para montar una clínica o un hospital que encaje bien con las exigencias de servicios y de costes de sus clientes, sino que es el burócrata de turno (rodeado de decenas de grupos de presión) quien de manera solipsista debe organizar todo el sistema sanitario para imponer sus gustos y sus preferencias particulares sobre las de los usuarios finales”. (El Economista, 1 de febrero de 2014)

Reverberan en mis oídos sus sabias palabras conminando a la integral privatización de la sanidad pública, subrayando precisamente las bondades del orden espontáneo, el que se autorregula como un reloj suizo y expulsa motu proprio a los peores. Lo de iDental debe ser, no insistan, la excepción que confirma la regla.

¿Y si no lo fuera? ¿Y si no fuera éste el primero ni el último fraude colosal de génesis íntegramente privada? Si lo que revelase el caso que nos ocupa no fuera meramente anecdótico sino, al revés, muy ilustrativo de unas relaciones de poder que maltratan de manera abrupta a los que menos tienen…

No, no puede ser. El director del Instituto Juan de Mariana argumenta en su blog personal que en la sanidad privada “se produce una rivalidad económica entre oferentes lo que consigue de manera proactiva impulsar la innovación empresarial y tecnológica”, esta competitividad “maximiza la calidad y minimiza los costes“. Por lo que “el único componente que podría encarecer la sanidad privada frente a la pública es la remuneración exigida por el capitalista para financiar la inversión inicial y la reinversión de su capital”, señala Juan Ramón Rallo.

Maximizar la calidad y minimizar los costes.

Que se lo digan a José, Marcos, Juana y su marido, Marta y otros tantos miles que van camino de los Juzgados. Nuevos gastos, nuevos costes, no todos tendrán la posibilidad de acceder a un abogado de oficio.

Maximizar la calidad y minimizar los costes.

Un año de procedimiento en vía civil. Si no hay prejudicialidad penal, que no es descartable, ahora que también se empieza a conocer que en iDental se rompían los ciclos de esterilización del material sanitario. No se cumplían los menores requisitos de seguridad, ni se respetaban los controles más básicos de higiene. Algunos de los afectados empiezan a dar positivo en VIH y Hepatitis.

Mientras el drama va adquiriendo una dimensión escalofriante, los poderes fácticos relegan a un segundo plano las noticias. Termino este artículo en pleno fragor de los conductores de opinión a favor de la competencia (desleal) y el sacrosanto mercado. De iDental ya se habla menos. Porque, ya se sabe, como los Rallos y compañía nos recuerdan a diario, en un mercado libre y dinámico, donde la injerencia pública es nula – véase el ámbito de la salud bucodental – se maximiza la calidad y se minimizan los costes. Los abusos, huelga decirlo, no existen.

Y si existen, se ocultan. Que la realidad no arruine su prejuiciosa fábula neoliberal. Al fin y al cabo, el orden espontáneo era esto. Tener más cara que espalda

Autor: Gorka Maneiro
Fuente: http://diario16.com/idental-orden-espontaneo/

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