Elecciones andaluzas: con la orfandad política a cuestas

Si el nivel de una campaña se midiera por la formación intelectual de sus contendientes, sus propuestas y discursos, la campaña andaluza sería de serie Z…pero con zombis con carne de plastilina. Se suceden las apelaciones a los juegos de tronos, el poder de la fuerza y los horarios laborales para los asnos. Es probable que se hayan creído que los andaluces babean y que se conforman con cualquier cosa que les presenten. Solo una ojeada a Canal Sur nos confirma el diagnóstico. Sí, lo piensan. Y, a medida que nos situamos al borde del día de reflexión, se visibiliza con toda claridad la flagrante orfandad política en la que muchos ciudadanos españoles nos encontramos.
Vayamos a lo obvio: ninguno de los cuatro candidatos de los principales partidos en liza son capaces de defender, conjuntamente y sin exclusiones, una comunidad de conciudadanos libres e iguales y un programa genuinamente de izquierdas, orientado a la transformación social y a revertir los recortes sociales que generan la degradación de lo público, lo que es, en definitiva, de todos. Lo que -repetimos- es de todos, no de nadie, como decía nuestra vicepresidenta refiriéndose al dinero público en una de sus frases que pasarán a la posteridad, junto con su enérgica defensa del santo derecho de los partidos a seleccionar a los jueces que más le convengan. Casi bolivariano.
La retórica de baratillo contra el Estado y lo público aderezan un discurso tan ramplón como políticamente hemipléjico, que, sin embargo, sólo desde la derecha, es capaz de sostener algo tan elemental como la unidad del Estado, presupuesto innegociable para todo lo demás. Claro que esa misma derecha, en sus diferentes variantes, se ofrece como salvaguarda de la unidad para terminar de vaciar el menguante contenido social del Estado, después de años de recortes y austeridad. Lamentable.
Desde la falsa izquierda se renuncia a esta unidad y encima sus propuestas contradicen de forma flagrante las políticas que el PSOE lleva realizando en Andalucía desde hace muchos años. Recortes y más recortes sociales. En salud y educación, especialmente. Nada que envidiar a los gobiernos más neoliberales del PP o del nacionalismo. Políticas neoliberales que solo han tenido como fin la preservación de una administración paralela repleta de chiringuitos para colocar a los que tuvieran el carnet. Este agradecido colectivo y sus familiares votarán el próximo domingo. Clientelismo a costa del resto de andaluces. Aun resuenan en nuestros oídos las bochornosas grabaciones en el seno de una consejería en la que se instaba a los trabajadores a abandonar todo el trabajo para dedicarse en cuerpo y alma a la campaña. Vale la pena recordarlo. “Si no ganamos las elecciones no vais a seguir trabajando en la Junta de Andalucía”. “Os quiero a todos en la calle haciendo campaña por el PSOE”. Así se expresó la entonces delegada de Empleo de la Junta de Andalucía en Jaén, Irene Sabalete, ante un grupo de trabajadores de la Administración andaluza un mes antes de las elecciones autonómicas del año 2012, en que todas las encuestas pronosticaban una alternancia tras tres décadas de gobiernos del PSOE. Nos hacemos solamente una pregunta: ¿Cuántas charlas de este tipo habrá habido este año?
Este es el triste problema de Andalucía: el mismo partido que ni es socialista, mucho menos obrero y ya casi ni cree en España (solo tienen que escuchar a Montilla defender la insolidaridad interregional o a Sánchez garantizando el concierto económico vasco y los privilegios para los golpistas) gobernando durante casi cuatro décadas mientras la región continúa en el furgón de cola en todos los indicadores socioeconómicos. Además, Andalucía vuelve a estar entre las regiones más empobrecidas de Europa, según confirmó Bruselas hace unas semanas. Por debajo incluso de algunos países del Este que entraron en la UE hace solo seis años con unas tasas de convergencia menores a las andaluzas. Después de pocos años en la categoría de “regiones en desarrollo” vuelve a ser Objetivo nº 1, o lo que es lo mismo, su PIB está por debajo del 75% de la media europea. En este contexto, escándalos como el de los EREs, o el de la Faffe -Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo que amenaza con dejar en menor al anterior- disparan la preocupación de los andaluces sobre la forma en que se gestiona su dinero y el futuro que aguarda a sus hijos. Claro que no sólo la pésima gestión condena a Andalucía: la configuración centrífuga e insolidaria del Estado, patrocinada por la propia izquierda oficial, coadyuva bastante a agravar desigualdades y asimetrías.
Por su parte, Teresa Rodríguez no miente cuando señala que lo que rompe España es la desigualdad. Es verdad. La desigualdad, la precariedad laboral, los recortes sociales. También las desorbitadas listas de espera en una sanidad pública degradada, también en Andalucía, aunque no sólo: basta con mirar hacia Cataluña, donde el ínclito Eduard Pujol destapa las cartas sin el menor disimulo. No nos desviemos de lo importante, que no son las listas de espera y los recortes, sino la INDEPENDENCIA. El tenebroso proyecto de levantar una frontera entre conciudadanos y hacer volar por los aires cualquier pretensión igualitaria que pudiera quedar viva, es lo único que le preocupa porque probablemente es su modo de vida.
Volviendo a Podemos, Teresa, una pregunta que con toda humildad queremos formularte: si la desigualdad rompe España, ¿por qué defiendes los derechos históricos, los desequilibrios brutales entre autonomías que perjudican gravemente a aquella cuyo supuesto interés nacional dices defender, o el presunto derecho a decidir que es, en bruto, el privilegio de separar y de agravar desigualdades y desequilibrios?
Sin Estado, Teresa, pierden como siempre los más débiles. Sin ciudadanía, no hay derechos, ni pensiones, ni sanidad pública, ni nada. Las clases trabajadoras, aquellas que no se sienten representadas por vuestro discurso fragmentario y particularista, que no interpela a los trabajadores de toda España, sino a los supuestos depositarios de una identidad secular, primigenia, diferenciada. “No habléis de Cataluña, hay que hablar de Andalucía” repetías en los debates. ¿Es que seguís sin percataros de que hablar de las partes sin hablar del todo es absurdo; más aún cuando esas partes compiten entre sí para lesionar los instrumentos fiscales, sociales y económicos para redistribuir y garantizar la solidaridad interterritorial? Cuando se está de acuerdo en celebrar un referéndum de autodeterminación, que además de ser un terrible dislate lesionaría los intereses de los andaluces por las prebendas que se harían a los políticos separatistas, una se inhabilita para gobernar cualquier cosa.
Y entre los cuatro, la espita de Vox, la hagiografía burda de la identidad. Como si las fronteras no fueran cicatrices de la Historia, de las guerras, de los avatares más arbitrarios de nuestro pasado; como si las fronteras fueran el bien superlativo, el mejor de los mundos posibles. Como si la ciudadanía nos la dieran los ocho apellidos vascos, catalanes o andaluces, o las raíces. Las raíces son siempre felizmente mestizas y la pureza, algo de nazis o inquisidores. Las leyes y la democracia es la que nos hacen fuertes como ciudadanos y trabajadores. Las que impiden la tiranía. Aquellos que enseñan la puerta de salida de nuestro país a Valls y Echenique, como si lo criticable no fueran sus ideas sino su lugar de nacimiento, son tan xenófobos como Torra y sus amiguitos.
Ante el abandono de la lucha por la justicia social y la igualdad, por parte de nuestra falsa izquierda, perdida en un populismo postmarxista o peronista, el consenso neoliberal se abre paso casi sin despeinarse. Y, mientras tanto, la orfandad política de no pocos ciudadanos de izquierdas que creen en el fortalecimiento de los derechos sociales y la unidad territorial de España como proyecto social y democrático de Derecho se hace evidente. Urge revertir esta situación. Por eso existe Plataforma Ahora.

Un comentario en “Elecciones andaluzas: con la orfandad política a cuestas

  1. Molt d’ànims a una iniciativa arriscada per a un país amb un munt de complexes per culpa del ruin concepte del nacionalisme. L’Estat-Nació ha de prendre la mateixa direcció que l’Estat-Religió: cap a la desaparició. La nació s’haurà de practicar, si es vol, a casa i al carrer en dies asenyalats (com a les procesions o l’any nou xinès), però no ocupar persistentment espais cívics d’àmbit pùblic.

    Estat laic per a tots els sentiments i cults que ens volen separar. Unió del proletariat, no importa d’on sigues, importa cap a on anem! més UE i més aconseguir una globalització d’esquerres.

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